El Cálculo


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (14,25-33) En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene hacia mí y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo ustedes: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

El Evangelio de hoy utiliza una palabra divertida e interesante: la palabra “calcular”. Digo que es divertida porque en griego, como en otros idiomas, la palabra proviene de “cálculo” que significa “pequeña piedra”. Es que esta palabra “cálculo” hace referencia a las piedritas que se usaban antiguamente para hacer cálculos matemáticos, en tiempos en que, obviamente, no existían ni máquinas de calcular ni computadoras.

“Calcular” es una experiencia propiamente humana: los animales no calculan, no suman ni restan, no deliberan ni consultan. Sencillamente el instinto les dicta lo que tienen que hacer y viven al día. El hombre, por el contrario, calcula, prevé, delibera y piensa anticipando el futuro. Las máquinas de calcular y las poderosas computadoras nos ayudan bastante para ello: pensemos en los pronósticos del tiempo, tan útiles para planear paseos. Pero hay ciertos cálculos que sólo los puede hacer el corazón del hombre.

Aunque Jesús nuestro Señor nos ha dicho que no debemos preocuparnos por el futuro, sabe que hay un cálculo y una deliberación muy personal que el cristiano tiene que hacerse: los dos ejemplos que Él da lo muestran con claridad. Y este cálculo y deliberación conciernen a la decisión más importante de nuestra vida: ¿quiero ser cristiano, es decir, quiero ser discípulo de Jesús? Es más, también podemos preguntarnos: ¿puedo serlo? ¿puedo ser cristiano, discípulo de Jesús?

Jesús dice estas parábolas cuando ve que mucha gente lo está siguiendo y con ello nos deja las condiciones para seguirlo: hay que amarlo a Él más que a nadie, hay que dejarlo todo. Y, si prevemos y calculamos que no podemos amarlo más que a los demás seres queridos, si prevemos y calculamos que no podemos dejarlo todo por Él, ¿qué hacer? Este es un cálculo que exige sinceridad, honestidad, pero sobre todo, confianza en Jesús, que nos ha llamado.

Estas preguntas no son iguales para cada uno de nosotros: yo, sacerdote, tengo que hacer mis propios cálculos, más exigentes que ustedes en algunos aspectos. Un monje en su monasterio tiene que hacer sus propios cálculos, más exigentes que nosotros en otros aspectos. Ustedes, laicos, tienen que hacer sus propios cálculos, más exigentes que los míos en otros aspectos.

Pero son preguntas sanas. Porque ser discípulos de Jesús sin poner a Jesús en el centro de nuestras vidas significa caminar hacia la mediocridad. Y vivir el cristianismo a medias es caminar hacia el fracaso, la tristeza, el resentimiento o la frustración. Vivir el cristianismo a medias, además, provoca la risa y la burla de los que no son cristianos. Es la peor propaganda de nuestra fe.

La vida cristiana sólo “funciona” cuando se vive íntegramente, dándolo todo, amando a Jesús por sobre todo, poniéndolo a Él como centro de todas las prioridades, de todas las decisiones, de todas las deliberaciones y de todos los cálculos. Sólo cuando vivimos la vida cristiana a pleno, la alegría de la fe brilla en nuestros corazones, en todo lo que hacemos e ilumina y cuestiona a los que nos rodean. Jesús nos deja estas palabras fuertes no para que nos alejemos de Él sino para nuestro bien, para que hagamos bien nuestros cálculos, pongamos en Él nuestra confianza y no tengamos miedo de entregarnos enteramente en su seguimiento.


Featured Posts
Próximamente habrá aquí nuevas entradas
Sigue en contacto...
Recent Posts